El Astillero

"Se escribe para llenar vacíos, para tomarse desquites contra la realidad, contra las circunstancias."

-Mario Vargas Llosa-



Lluvia: Guillermo Obando Corrales

Fotografía de Tony Rocco (Colombia) "Niña en la Iglesia de San Antonio"


Autor: Guillermo Obando Corrales (Nicaragua)


Al entrar al templo el hombre sintió un alfilerazo sobre su cabeza, y un empuje inminente lo llevó de la mano como una máquina inquisitoria arrastrándolo hacia un pozo.
Vacía y tenebrosa (no más un coágulo de luz que caía del techo), la capilla aguardaba a una señora y su nieta, las cuales oraban con fervor cristiano, mientras que el cura permanecía encerrado en el confesionario.
La iglesia olía a incienso y a productos de limpieza; a través de sus  paredes huecas, se dejaba venir un viento que, desde afuera, traía en acordeones polvo y zacate, rondando una especie de átomo circular por el jardín.
El hombre se sentó en uno de los últimos bancos de caoba puesto a la par de la cortina extensa del Altísimo; vestía de una manera caótica la sotana de San Pancho, un escapulario sobre su diminuta cabeza; después de pesquisar su entorno, movió su escuálido cuerpo de un lado para otro; alzó los brazos en señal de alabanza como los evangélicos, y en su pantalón relucía la figura de un objeto;  entonces se puso de rodillas de inmediato, la cabeza hundida entre las manos como si le pesara o estuviera presintiendo los síntomas de alguna enfermedad.
Las campanadas anunciaban ya la misa. Las confesiones del padre cedían. Y, dentro de aquel sistema de tilines, una correntada de agua se extendió progresivamente sobre el lugar en donde el hombre se inclinaba; un hilo débil que se hacía una corriente a medida que la gravedad lo empujaba donde la nieta y su abuela, quienes rezaban con los ojos cerrados, con infinita devoción.
De pronto la niña dejó de rezar y se dirigió al confesionario. El agua, que ahora se veía de un amarillo miel-oscuro, llegaba hasta el altar mayor.
—Padre, padrecito —dijo con una sonrisa la niña—. Un pipito se está orinando en la iglesia.
El cura la ignoró y la niña volvió a acomodarse a una distancia un poco larga de donde el hombre seguía orinándose como caballo.
La abuelita, tras ver que el padre no accedía al llamado, dijo en tono altanero:
—¡Oiga!, ¿y es que usté está sorbete? Padre, ¡aquí se están meando en la casa del Señor!
 El párroco cerró la puerta de la garita, se fijó en todo el líquido que le mojaba los pies, y gritó palabras confusas al aire. Aquel hombre meón, parecía estar hipnotizado por el chorro de orina que le salía de entre la ingle; soltó una carcajada a los vientos de la iglesia, y los ecos pegaron a la inmensa figura del Cristo resucitado.
Después de varios minutos en silencio, el hombre sacó de su bolsillo una navaja de doble filo y corrió hacia una estatua de San Miguel, cortándole a esta la cabeza en pedazos informes. Los tucos de yeso eran como hormigas dispersas por el suelo de la iglesia recorriendo la vereda de sus vidas. El padre y las dos mujeres miraron incrédulos la escena: el hombre corría en redondel por todo el templo pasando su cuchillo por cada uno de los santos que se veían muy indefensos, con los ojos recalcitrantes y llenos de fuego.
—¡Ayúdeme  —dijo ahora el padre a la viejita—. Este hombre nos va a dañar la casa de Dios  —y se persignó tres veces seguida, los ojos subordinados ante el cuerpo inerte de San Judas Tadeo, que los veía con mirada de ciego.
La abuela corrió junto al padre que de inmediato fue a la casa cural, y trajo un bate de béisbol. Queriendo estos pillar los movimientos en zigzag del hombre, se olvidaron de la niña, quien oculta en un limosnero, gritaba: ¡tengo miiiiedo! Aunque nadie quería notarlo, el hombre estaba a tres centímetros de la niña, y le señalaba la cara como diciéndole no hagás nada niñá, aquí estoy yo para cuidarte. Afuera, una hondonada de relámpagos chillaba con gritos de bebé.
La abuela y el padre miraban absortos el cuerpo del hombre. Las manos tomadas a sí mismas, los ojos inclinados en el deseo de involuntariedad. Llegó un momento en que el hombre se acercó tanto a la niña (besaba sus pies, desnudándola con la vista completa, susurrándole algo ininteligible) que esta lo miró por segundos paralizada.
—Hay un lugar bonito para los dos, vamonós —dijo el hombre, y en la boca tenía un borbollón de saliva espesa que le brotaba en cada mejilla.
La niña fue a su lado, y le besó las manos. Cada movimiento del hombre era percibido ante la malicia de besar su cuello, acariciarle las manitos, y entorpecerle el vientre. La abuela era retraída por el padre. No es hora, dijo este, por algo está pasando esto, evitemos las desgracias. El tipo desnudó a la niña. Inclinó sus piernas, y la niña confirió. Esa es la misericordia de Dios, dijo el hombre, hazlo de esa manera, tan suave, tan tierna ella; de repente, la abuela logró zafarse del padre, y con las dos manos le daba a aquel hombre, dejándole la huella dactilar en la cara; el padre corrió, y se escondió tras un santo; el hombre apartó de un cuchillazo en el torso a la señora, y siguió con la niña.
Luego de varios minutos, la abuela despertó; pudo ver al hombre hablando con la niña. Pensó en hacer cualquier cosa: matar a aquel desgraciado fuera como fuera. El padre se había ido; la señora revisó cada dormitorio. En medio de la angustia que se tenía, decidió ir donde el hombre. Lo enfrentó, agarró el bate caído, y le comenzó a dar palo. El hombre la invistió de sendos golpes en la cara y, mientras terminaba de matarla, la niña reía a carcajadas.
—¡El señor las bendiga! ¡Todo está hecho! —dijo el hombre.
Dominus benedicat te. Omnia fecit —dijo el padre, saliendo de su escondite, y se rio extrañamente, pero era una risa frustrada, entre risa y lloriqueo a la vez.
El hombre salió corriendo, alcanzó la entrada, e innumerables gotas lo hicieron desaparecer del ambiente. La niña, en cambio, quedándose inmóvil, se imaginó al hombre durmiendo como un niño indefenso, a la par de muchos angelitos sonrientes, inclinando su espalda a 45 grados. La abuela tenía los ojos abiertos, y de estos brotaba un aire seco, casi visible.

Viviendo a treguas

      "Gritos en el laberinto" de la pintora Cora Liliana González (Argentina)



BYRON ROSTRAN ARGEÑAL

La vida es tonta ó peor aún, los tontos somos nosotros al no poder adaptarnos a todo aquello que nos rodea (el medio, las circunstancias, el entorno). Si hay que poner culpables: todos lo somos. Aunque creemos o hemos creído que podemos, la verdad es que, no hemos sido capaces de hacerlo.

Esta vida me parece tan dispareja desde donde la mire, y, ¿tiene que ser igual para todos? Cada mañana me doy cuenta de esa verdad y en cada punto por donde transito la realidad en la calles me lo revela. No sé si, lo que miro realmente me molesta, me duele o me hace ser más indiferente al dolor de los demás. Siempre nos estamos comparando con el que tiene más para sentirnos después una basura. Siempre nos estamos quejando de nuestra condición, porque, ¿quién nos defenderá?

Hace unos días atrás murió un gran señor que tuve la dicha de conocerlo en el hospital —el lugar donde se conoce el verdadero carácter de las personas— un arquitecto y docente universitario muy reconocido. Venía luchando contra el cáncer por casi un año, y, este principio del mes de julio no pudo más. Poco a poco se vino desvaneciendo, como cuando la neblina se disipa y todo es claridad. Es que unos mueren y a otros se les da una nueva oportunidad de vivir. Unos luchan y otros ni intenciones tienen de luchar. ¿Qué, aún no lo entiendes?

Estoy harto de escuchar las terribles quejas que existen en nuestra sociedad: la casada desea estar soltera, el soltero sumamente preocupado por casarse, al que desea hijos no puede tenerlos, y la tierrosa o terrosa  de la calle pariendo como loca. El hombre se mide por cuantas veces la ha metido y las mujeres por cuantas veces ha sufrido, que estúpido. Me molesta más aún el ver gente que tiene hijos —que al fin y al cabo nunca los quiso— y ahora ni puede mantenerlos, no previó en su cerebro que algún maldito día tendrían que llevarlos al médico. Igualmente me parece aún mas imposible como hay padres que llevan a sus recién nacidos en esos buses que parecen latas de sardinas pero con carne humana dentro, no pudiendo ni si quiera llevarlos dignamente en un jodido taxi conducido por algún analfabeta conductor.

La vida es así y yo soy un tonto queriéndola entender, cuando en el fondo se que no podré. Nos preocupamos por cosas tan superficiales, mismas que nosotros hemos creado. Solo aquel que ha pasado por situaciones extremas, es la persona que tiene una mejor perspectiva de vivir o de seguir viviendo a treguas con esta o en esta vida.

A veces me siento como un pequeño y diminuto gato encerrado en una oficina, sin saber cómo llegué ahí o como aparecí, si es que llegué o simplemente aparecí, —cabe también la posibilidad que sea mi sueño recurrente flotando en mi subconsciente—. Un gato intentando salir, sabiendo que afuera le espera una mejor vida, un mejor ambiente, su ambiente. Sopesando todas las posibilidades de escaparse de ese lugar. Esa idea me mantiene adrenalizado. Pero cuando estoy —o el gato— a punto de salir y ser libre emancipándome de todo yugo, me detengo frente a la salida y me preguntó el por qué quiero ahora salir, del cómo llegué ahí y del por qué quiero hacer lo que quería hacer.

Como diría algún hipotético rey extraterrestre: somos unos pequeños e ilusos mortales tan necesitados de amor, que a la vez, ese amor, nos cuesta tanto expresarlo. Sufriendo por cosas que nunca cambiaremos, viendo morir de hambre o de alguna de las múltiples enfermedades a muchas personas. Sufriendo por el que no nos quiso o porque hemos querido demasiado. Queriendo más cuando ni sabemos lo que queremos. Teniendo sueños irrealizables pero que aun así nos mantienen vivos.
Aun con toda esta ¿insatisfacción?, solo pienso en que, existe una vida, una sola y verdadera vida, la cual quiero vivir. Me mantengo a la expectativa de lo que me pueda pasar, sea bueno o malo. Ahora que medio entiendo que debo respirar un aliento a la vez, aunque inevitablemente cada día me convierta más en un insatisfecho. Y a la larga solo así es que se puede vivir.

La provocación o reflexión del Premio Nóbel.


Ago/16/2012


El nuevo libro del Premio Nóbel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, “La civilización del espectáculo” (Alfaguara, 2012)

Nuestra época, conforme a la inflexible presión de la cultura dominante, que privilegia el ingenio sobre la inteligencia, las imágenes sobre las ideas, el humor sobre la gravedad, la banalidad sobre lo profundo y lo frívolo sobre lo serio.


Un rescate de Dostoievski


Ago/15/2012

Me gustaron mucho estas líneas que las leí en la novela de GUSTAW HERLING-GRUDZI ´NSKI, “Un mundo aparte”


Allí existía un mundo aparte que no se parecía
ya en nada al otro, con sus propias leyes, sus ropas,
reglas y costumbres, y una casa muerta en
vida, una vida como en lugar alguno, y gentes
singulares. Ese rinconcillo tan especial es el que
me propongo describir.

                               Dostoievski, Apuntes de la casa muerta

Algunas novedades del DRAE


Julio/05/2012

La Academia ratifica la soberanía del pueblo en el uso y costumbres del habla, con más o menos celeridad. “La RAE no promociona palabras, registra lo que se impone, lo que la gente utiliza”, aclara Darío Villanueva, secretario de la Academia y coordinador de las comisiones que elaboran el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE).

Esta es la quinta revisión que se hace desde 2001, fecha en que se publicó la edición 22ª del diccionario de referencia de la lengua española, que desde entonces ha hecho 22.000 actualizaciones. La actual se cerró el 31 de diciembre pasado, lo que significa que la sexta y última revisión coincidirá con la impresión de la 23ª edición del diccionario, que saldrá en otoño de 2014. Un proceso que ya está en marcha.

Todos estos términos han sido consensuados por las 22 Academias de la Lengua Española y se pueden consultar ya en la página web del diccionario académico. Hacía tiempo que se esperaba la incorporación al diccionario del matrimonio homosexual, un tipo de unión que ya está reconocido por ley en España y en otros países hispanohablantes. (EFE)



matrimonio: "En determinadas legislaciones, unión de dos personas del mismo sexo, concertada mediante ciertos ritos o formalidades legales, para establecer y mantener una comunidad de vida e intereses".

acojonamiento. [Adición de artículo]. M. coloq. malson. Esp. Acción y efecto de acojonar o acojonarse.

blog. [Adición de artículo]. (Del ingl. blog). M. Sitio web que incluye, a modo de diario personal de su autor o autores, contenidos de su interés, actualizados con frecuencia y a menudo comentados por los lectores.

bloguero, ra. [Adición de artículo]. I. ADJ. 1. Perteneciente o relativo a los blogs o a los blogueros. II. M. y F. 2. Persona que crea o gestiona un blog.

camp. [Adición de artículo]. (Del ingl. camp). ADJ. Que recrea con desenfado formas estéticas pasadas de moda. Peinado camp. Apl. a un estilo, u. t. c. s. m.

canalillo. [Adición de artículo]. M. coloq. Comienzo de la concavidad que separa los pechos de la mujer tal como se muestra desde el escote.

chat. [Adición de artículo]. (Del ingl. chat; propiamente 'charla'). M. 1. Inform. Intercambio de mensajes
electrónicos a través de internet que permite establecer una conversación entre dos o varias personas.

2. Inform. Servicio que permite mantener conversaciones mediante chats.
chatear2. [Adición de artículo]. INTR. Inform. Mantener una conversación mediante chats.

cienciología. [Adición de artículo]. F. Movimiento religioso de origen estadounidense que pretende
promover el conocimiento introspectivo mediante ciertas técnicas.

espanglish. [Adición de artículo]. M. Modalidad del habla de algunos grupos hispanos de los Estados
Unidos, en la que se mezclan, deformándolos, elementos léxicos y gramaticales del español y del inglés.

espanglish. [Adición de etimología de artículo]. (Del ingl. Spanglish, fusión de Spanish 'español' y
English 'inglés').

gayumbos. [Adición de artículo]. M. pl. coloq. Esp. calzoncillos.

inculturación. [Adición de artículo]. F. Proceso de integración de un individuo o de un grupo, en la cultura y en la sociedad con las que entra en contacto.

okupa. [Adición de artículo]. I. ADJ. 1. jerg. Dicho de un movimiento radical: Que propugna la ocupación de viviendas o locales deshabitados. 2. jerg. Perteneciente o relativo al movimiento okupa. II. COM. 3. jerg. Miembro de un grupo okupa.

orgásmico, ca. [Adición de artículo]. ADJ. Perteneciente o relativo al orgasmo. Placer orgásmico.

peñazo. [Adición de etimología de artículo]. (Del aum. de peña, por alus. a su pesadez).

pepero, ra. [Adición de artículo]. ADJ. 1. coloq. Esp. Perteneciente o relativo al Partido Popular español. 2. coloq. Esp. Afiliado al Partido Popular. U. t. c. s.
pepero, ra. [Adición de etimología de artículo]. (Del deletreo de la sigla PP 'Partido Popular' y -ero).
tableta. [Enmienda de artículo]. F. 1. Pieza rectangular y plana de chocolate, turrón y otros alimentos. 2. pastilla ( porción de pasta medicinal). 3. Madera de sierra, más bien pequeña, que se usa especialmente para entarimar. 4. Dispositivo electrónico portátil con pantalla táctil y con múltiples prestaciones. 5. Arg. Especie de alfajor, comúnmente cuadrado o rectangular. 6. pl. desus. tablillas de San Lázaro. en ~s. LOC. ADV. desus. En duda o en situación insegura. tocando ~s. LOC. ADV. coloq. p. us. Sin conseguir lo que se esperaba.

teletrabajador, ra. [Adición de artículo]. M. y F. Persona que realiza su labor en régimen de teletrabajo.
sociata. [Adición de artículo]. ADJ. coloq. Esp. socialista. Gobierno sociata. Apl. a pers., u. t. c. s. Los sociatas presentan su programa.
sociata. [Adición de etimología de artículo]. (Acort. de socialista y el suf. jergal -ata).

Estos días del año




BYRON ROSTRAN ARGEÑAL
Julio/02/2012


Ahora que lo pienso, siempre pasa lo mismo en esta parte del año, no lo había notado con exactitud, pero desde ese día que lo dijo mi hermana:

<Te has dado cuenta que siempre entre los meses de julio y septiembre se detiene el tiempo. Es como que si los días tardaran más y esos meses se volvieran eternos>

Por alguna extraña razón así es. Lo he comprobado por los dos últimos años —es que no me había percatado—. Es como si los dulces días de julio dejan escapar el aliento moribundo de agosto para anunciar el inminente letargo de septiembre o, viceversa o alternando esta acción entre sí, jugando con el tiempo real. ¿Tiempo real? ¿Qué es lo real? Nunca he estado de acuerdo con esa palabra o con su ilusorio significado.

Todo empieza ahora en julio, aunque agosto es un mes interminable y sobre todo, muy importante. Todo lo que puedas hacer empieza ahora.

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Pocos como Philip Roth

Byron Rostran Argeñal
         Junio/11/2012

         Recientemente comencé a leer El mal de Portnoy (1969), una de las novelas más importantes del escritor estadounidense Philip Roth. Me está dejado un gran sabor la lectura de este libro. 
         Por lo general, siempre me siento obligado a leer a estos grandes novelistas porque sé que han hecho una gran marca en la literatura y de seguro la dejan en mí, porque cuando uno de ellos muere (recientemente se fue el mexicano Carlos Fuentes 1928-2012), dejan una pérdida enorme, pero quizás, de algún modo,  me quedan presentes, por todas las horas que dediqué a leerlos. Sus líneas, sus ideas, sus historias, sus palabras…grabadas en la cinta magnetofónica de mi cerebro.

         Algunos meses antes de comenzar a escribir su novela Elegía, 2006, Philip Roth le reveló a The New Yorker: 

“El hecho de que algún día moriré ha dejado de parecerme una injusticia, lo que no quita que me aterrorice la idea de la muerte. Es horrible. Me rompe el corazón. Es impensable, increíble, imposible. La idea de ser olvidado. El no estar vivo, no sentir la vida, no poder olerla. Mi próximo libro trata sobre todo eso: sobre la muerte y sobre morir”. 


        Elegía terminó siendo un difícil camino por la vida, un paseo hacia la muerte. Roth salpica ese recorrido con sentencias brutalmente certeras: “La vejez no es una batalla; la vejez es una masacre”.

         Este mes de junio de 2012 a sus 79 años de edad, a Roth le fue concedido el PremioPríncipe de Asturias de Literatura en la ciudad de Oviedo. Según el jurado, compuesto entre otros por Luis María Anson Oliart, J. Armas Marcelo, Xuan Bello Fernández y Blanca Berasátegui: 

“la obra narrativa de Philip Roth forma parte de la gran novelística estadounidense, en la tradición de Dos Passos, Scott Fitzgerald, Hemingway, Faulkner, Bellow o Malamud. Personajes, hechos, tramas conforman una compleja visión de la realidad contemporánea que se debate entre la razón y los sentimientos, como el signo de los tiempos y el desasosiego del presente. Posee una calidad literaria que se muestra en una escritura fluida e incisiva”.

         De origen judío, Roth, nacido en Newark en el año de 1933, es autor de libros como El lamento de Portnoy, la ‘trilogía americana’ (Pastoral americana, Me casé con un comunista y La mancha humana), La conjura contra América, Elegía y Némesis. Desde que publicara en 1959 Adiós Columbus, ha recibido todos los premios más importantes de Estados Unidos y en el exterior, desde el National Book en su país hasta el Booker en Inglaterra, pasando por el Pulitzer y el Nacional de la Crítica. Sólo le falta el Nobel, aunque cada año es uno de los nombres que más suenan. En su obra ha explorado la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial o el macartismo.

         Desde que publicó su cuarto libro, El lamento de Portnoy (1969), se convirtió en uno de los referentes imprescindibles del panorama literario universal. Dentro de su vasta producción hay varias obras de gran envergadura, como la serie de novelas protagonizadas por su alter ego, Nathan Zuckerman.

Vidas de hojalata de Paul Harding


Vidas de hojalata
Paul Harding

Mar/09/2012.
Publicado en la edición 47 de la  Revista CulturalCentroamericana Carátula, dirigida por el escritor Sergio Ramirez

Byron Rostrán Argeñal

Es una verdadera satisfacción poder encontrarse con libros de calidad, esos que no solo son un mero entretenimiento sino, historias de incesantes letanías que apaciguan una vida que ya ha quedado atrás. Tras ser rechazado por varias editoriales, Paul Harding estaba lejos de imaginar que su primera novela, Vidas de hojalata (Thinkers), que finalmente fue aceptada por una editorial muy pequeña (Bellevue Literary Press), le ameritaría el Premio Pulitzer 2010
Esta novela es una sorprendente y arriesgada obra sobre el tiempo y la memoria que crece lentamente, pero con firmeza y con una fuerza imparable, para recrear un pasado repleto de objetos, sensaciones, lugares y parajes naturales de una belleza perturbadora.
Vidas de hojalata es una historia que necesita tiempo y mucha atención. Tiene un estilo narrativo donde no existen los diálogos en primera persona (narrados en tercera persona), donde los saltos temporales son continuos y no podemos seguir una línea narrativa temporal –salvo los tiempos marcados en ciertas partes donde nos indican las horas previas que faltan para la muerte de George- y donde los personajes que nos va marcando la historia tienen perfiles muy distintos. 
En una cama colocada en el salón de su casa, yace George Washington Crosby esperando la muerte que se aproxima de forma inexorable. Mientras agoniza y antes de que su mundo se desmorone y apague para siempre, sin poder hacer nada, empieza a recuperar gradualmente retazos de su pasado que emergen entre las alucinaciones que las enfermedades lo han acechado: Parkinson, diabetes, cáncer y de donde se mantiene amortajado.
George, que durante buena parte de su vida había sido un metódico relojero, ahora ya no tiene problemas para saltarse las restricciones temporales y reconstruir sus recuerdos siguiendo el libre dictado de su mente. Así que vuelve la vista setenta años atrás para evocar su dura infancia y la huidiza figura de su padre, un vendedor ambulante que padecía ataques de epilepsia y que recorría las calles y caminos, vendiendo todo aquello susceptible de ser vendido.
Harding señaló que “el estilo de un escritor, su voz, son parte tan indeleble de él como la forma de su cerebro. Así que no intentó conseguir un “estilo”. Solo trató de describir lo que veía y escuchaba de la manera más precisa posible; su voz igual aparecía, de una manera menos consciente, menos ornamental.
Creo que la belleza de un tema es inherente, de modo que un trabajo puede lograr descripciones exactas, no intentando deliberadamente una prosa bonita que se imponga a lo demás.A veces ciertas leyendas familiares son lo suficiente como para despertar la imaginación, pero no tanto como para saciarla.
Vidas de hojalata es una novela tradicional en lo que respecta al mundo rural americano de Nueva Inglaterra de hace un siglo y ciertamente innovadora en cuanto al modo de expresión elegido para contarlo. Esa es la razón por la que merece toda la pena leerla. Es también una lección de humanidad y amor a la vida. Una magnífica primera novela, con semblanzas a La muerte de Artemio Cruz de Fuentes y Mientras agonizo de Faulkner.

Leopoldo Brizuela Premio Alfaguara 2012

Premio Alfaguara 2012

Leopoldo Brizuela tocaba el piano una noche de invierno de 1976 cuando entraron en su casa varios matones de la dictadura militar argentina. Vestían de forma muy elegante. Llamaron al timbre, no rompieron nada, pero portaban cada uno una especie de metralleta en el costado. Brizuela, que entonces tenía 12 años, siguió tocando el piano. La patota, el grupo de sicarios, llamó también en otra casa del barrio y secuestró a una vecina. Más de treinta años después la misma casa fue asaltada por varios policías ladrones. A Leopoldo Brizuela le sobrevino el clic de que todos los vecinos recibieron en su día la visita de los sicarios. Y cada uno calló o lo expresó de una forma distinta. Él nunca se había atrevido a contar nada a nadie sobre aquella noche, ni siquiera a sí mismo. Hasta que hace más de un año comenzó a escribir Una misma noche, novela con la que ganó ayer el Premio Alfaguara 2012.
“Decía Roberto Bolaño que la verdad literaria es la que sale de aquello que uno no le cuenta ni al psicoanalista”, comenta el autor. “Yo seguí tocando el piano y no me acordé nunca de eso. Pero eso nunca dejó de suceder. Sólo dejó de pasar cuando pude contarlo. Y solo he podido relatarlo a través de la escritura, que como ya le he dicho a mi psicoanalista, tiene un poder mucho más fuerte que la palabra hablada”.
En 2008, cuando volvieron a asaltar la vivienda donde un día secuestraron a una mujer, Brizuela le preguntó al dueño de la casa: “¿Usted sabía que aquí ya había entrado la policía en 1976?”. El vecino no sabía nada. “Y quise indagar sobre la responsabilidad que tuvimos cada uno, incluso un niño. En aquella época secuestraban a gente dos o tres años mayores que yo. Siempre se habló de la dictadura militar. Es ahora cuando se comienza a hablar de la dictadura cívico-militar, afrontando la responsabilidad civil”.
La novela fluctúa entre la dictadura y la Argentina de 2010. Brizuela trató de zambullirse en el lenguaje de entonces para rescatar los recuerdos. “¿Qué podían pensar y nombrar los vecinos de entonces, cuando no existía ni el concepto de desaparecido? Entonces se decía: ‘Se lo llevaron’. Sin sujeto. Eso no implicaba una inocencia sino un modo de saber distinto. Todo el mundo sabía algo. Además, mi barrio, que se llama Tolosa y está pegado a La Plata, es muy emblemático en Argentina porque de ahí salieron referentes de los derechos humanos. Hebe de Bonafini [fundadora de las Madres de Plaza de Mayo] vivía a una esquina de mi casa. Estela de Carlotto [presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo], unas cuadras más allá. Y la presidenta, Cristina Fernández, antes de irse a vivir al sur, también era del barrio”.
A Brizuela le tocó crecer en una época y un país en que “se podía hablar de muy pocas cosas”. “Eso puede sonar muy grandilocuente, pero es verdad. ¿Quién que fuera homosexual podía hablar de su condición abiertamente hace cuarenta años? Y como el lenguaje no servía para expresar ciertas cosas, lo hacíamos con el cuerpo. A nadie de mi edad se le ocurría pasar nunca por la acera del departamento de la policía. Y aún hoy, a la gente que tiene 49 años como yo no se le ocurre salir de casa sin documentos, porque sabes que sin ellos corres el peligro de no ser nadie”.
Como un claro ejemplo de las distintas formas con que la gente común puede afrontar un hecho siniestro, Brizuela recuerda la noche en que se encontraba en casa una tía que había llegado del campo. De pronto, empezaron a silbar las balas en la calle. “Nosotros seguimos viendo el televisor y mi madre lo único que dijo fue: ‘Ayúdenme a correr la mesa un poco’. Pero mi tía decía que, por lo menos, nos echáramos cuerpo a tierra. Nosotros, acostumbrados al ruido de las balas, habíamos optado por esa forma de defendernos ante la realidad. Creo que sobre una misma experiencia se pueden utilizar palabras de lo más opuestas: valentía, irresponsabilidad, colaboracionismo… Un chico que sigue tocando el piano cuando llegan dos hombres armados a casa puede ser un irresponsable, un valiente o un colaboracionista. Todo eso, pero también mucho más. Y para entenderlo escribí la novela”.
Cuando se le da la enhorabuena, Brizuela exclama: “¡Qué palabra más bonita, enhorabuena! Aquí la estamos perdiendo, solo se dice felicitaciones”. Brizuela es descendiente de emigrantes catalanes que llegaron a Argentina en el XIX. “Mi madre, que ahora tiene 90 años, siempre escuchaba coplas españolas y republicanas. Y yo, en 1986 viajé a Francia y a España un poco persiguiendo ese mito de que uno se tiene que formar en Europa. Viví en el Madrid maravilloso de Tierno Galván”.
El pseudónimo con el que presentó la novela es Picwick, personaje de Dickens. “Amo su escritura y, sobre todo, su alegría”

''El Hombre Imaginario''



''El Hombre Imaginario'' Nicanor Parra (Chile 1914-)

El hombre imaginario 
vive en una mansión imaginaria 
rodeada de árboles imaginarios 
a la orilla de un río imaginario


De los muros que son imaginarios 
penden antiguos cuadros imaginarios 
irreparables grietas imaginarias 
que representan hechos imaginarios 
ocurridos en mundos imaginarios 
en lugares y tiempos imaginarios


Todas las tardes imaginarias 
sube las escaleras imaginarias 
y se asoma al balcón imaginario 
a mirar el paisaje imaginario 
que consiste en un valle imaginario 
circundado de cerros imaginarios


Sombras imaginarias 
vienen por el camino imaginario 
entonando canciones imaginarias 
a la muerte del sol imaginario 
Y en las noches de luna imaginaria 
sueña con la mujer imaginaria 
que le brindó su amor imaginario 
vuelve a sentir ese mismo dolor 
ese mismo placer imaginario 
y vuelve a palpitar 
el corazón del hombre imaginario

Visitas dede Octubre/19/2009

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