El Astillero

"Se escribe para llenar vacíos, para tomarse desquites contra la realidad, contra las circunstancias."

-Mario Vargas Llosa-



Otra jodida historia de la revolución.


BYRON ROSTRAN ARGEÑAL
Publicado originalmente en NOTICULTURA en Oct/08/2013 
¿Qué es un ataúd en medio de una guerra civil? La experiencia sobre lo que puede ser un niño frente a la muerte.

El fin de semana pasado estuve de visita con mi papá en una funeraria (La Católica); esto, por cosas de un seguro familiar: pensando en la vejez y en el tiempo. Miraba con detenimiento todos los modelos fúnebres que estaban en exhibición y meditaba sobre la que sería sin duda mi primera morada cuando ya esté sin vida. Por un instante me preocupó la comodidad que  tendría o no en una de esas cajas mortuorias; sentí una melancolía utópica, reconocer que tarde o temprano todos cruzaremos esa línea. A la muerte no le tengo miedo o mejor dicho, ya no le tengo miedo, no me aterra ni me intimida. Ahora la veo más bien como otro escalón que subir.
Uno de esos sarcófagos tenía un color peculiarmente reluciente, de un gris que se asemejaba al metal, lo recorrí y por alguna extraña razón recordé un suceso de mi niñez que creí olvidado, uno que vino armándose en todas las pláticas familiares; sin duda un verdadero rompecabezas. Pasó a finales de la década de los ochenta en medio de residuos de una guerra sin sentido en Nicaragua.
***
Mi hermano fue el único que sufrió por la partida de Chichigalpa a Managua; vivíamos ahí porque a mi padre le habían dado un trabajo en el Ingenio San Antonio. Mi hermano mayor hacía un pequeño teatro de lo injusto que era separarlo de sus amigos, de su vida, de su colegio; él ya tenía diecisiete años y exigía su libertad, cosa que no pudo negociar de ninguna manera. Después supe o entendí la razón que tuvieron mis padres en no dejarlo. Aunque mi hermano hiciera el mayor berrinche de su vida, no sucedería lo que él pedía. Había guerra o se había estado en guerra, se aproximaban unas elecciones muy tensas y nada estaba seguro, corría lo último de 1989.
Vos querés que te maten, lloraba mi madre tratando de convencerlo. Sus grandes lágrimas decoraban un rostro que empezaba a verse marcado por las preocupaciones. Yo no podía entender por qué mi hermano se quería separar de nuestro lado, o del lado de mis padres. Si ellos decían que teníamos que partir, había que hacerlo. Te venís con nosotros a Managua y no se discute más, aseguró mi papá con un tomo molesto y autoritario. Aunque creo más bien que mi papá estaba cargado de desesperación por el hecho no saber qué hacer. Un hombre que tenía que tomar la mejor decisión posible para que su esposa y cuatro hijos sufrieran lo menos posible. También había planes de sacar a mi hermano del país, Costa Rica quizás, antes que lo pudieran agarrar para la reserva.
A su edad, es cuando empezaban a reclutar a todos los chavalos para llevárselos al «Servicio Militar Obligatorio», frase que era dibujada con una exigencia patriótica. Los que mejor suerte tenían podían durar unos seis meses antes que una bala los acribillara, una enfermedad o el cansancio los matara.  No duraban nada en regresar a sus casas, salvo con la diferencia que ahora venían en ataúdes de madera o de metal, esto porque cuando pasaban mucho tiempo antes de encontrarlos muertos en las montañas, ya de días y descompuestos, tenían que recogerlos con palas y echarlos en esas latas rectangulares, tratando de guardar algo que pudiera quedar de sus cuerpos, tipo como un atún en agua. Más de una vez se escucharon casos que en vez de un soldado o del verdadero cuerpo, embutían pedazos de chagüites, restos de troncos para que pudieran asemejar el peso de un cuerpo caído en combate.
Eso pasó cuando yo tenía siete años, yo vi un ataúd metálico, la gente lloraba mucho. Yo sabía que dentro había alguien.
Un camión militar verdeolivo y muy alto dejó de rugir frente a la casa de mi niñez. Bajaron la caja y los familiares desconsolados a más no poder la tomaban con presteza. Arreglos florales llenaron la calle —detalle sumamente curioso a mi edad—. Todos salían de sus casas a ver el acontecimiento, yo estaba en el porche, mi mamá salió también y comenzó a llorar, sé que lloraba pero no tengo la imagen. Metieron el ataúd dentro de la casa de enfrente, los gritos de dolor rondaron por todo el ambiente. Siempre pienso en esa calle por lo que sentí, por ese momento, por cómo interpreté cuando vi que bajaban un cadáver y muchas flores soltaban su olor.
En el momento antes de enterrarlo, sus familiares rehusaron a echar una palada de tierra si no comprobaban primero que el de ahí dentro, el de esa caja sellada, era su verdadera sangre. Los militares vestidos de piricuaco se negaban y hasta en un momento decidieron usar las armas sino desistían de esa idea. Todos los que se encontraban en el lugar empezaron hacer un tumulto algo violento —de ahí viene la palabra guerra civil (Tumultus)—, estaban decididos a comprobarlo. Los militares cedieron, no eran muchos tampoco, sólo dieron una recomendación: si van a hacerlo, si van a abrir la caja, háganlo rápido y tengan algo fuerte para inhalar, si no, no podrán aguantar ese hedor.
La madre de la victima lloraba no sólo por la pérdida de su infante, sino también por la probabilidad de que no fuera su hijo y fuera más bien, restos de troncos, a como decían las historias.
Mi hermano se encontraba entre esa multitud tratando de ver con sus propios ojos lo que al fin habría dentro de esa lata. A cincelazos y martillazos lograron violar las uniones que parecían imposibles, era una caja sellada sin principio ni fin. Cuando llevaban un buen trecho abierto, toda la gente salió huyendo espantada como si alguien estaba subiendo del más allá queriéndolas atrapar, la caja desprendió un terrible hedor a podredumbre. Un olor que nunca en mi vida había sentido, le confesó mi hermano a mi hermana. «¡Terrible! Peor que la mierda de un animal o de algo podrido. Es que es peor que un basurero o comida que tiene años en descomposición, no sé cómo explicarte, un olor que me desmallaba». Los gritos se incrementaron, en el lugar quedaron sólo los familiares y los hombres que trabajaban en la apertura. La madre dijo que tenían que abrirla más de una vez por todas, comprobar si ese era su hijo, su pequeño hijo.
Lo que había dentro: carne en descomposición a su máxima expresión, sin forma y desecha. No se sabía que era la cabeza o el cuello o el pecho o los brazos, si es que habían, no existía un inicio o un final. Sólo era carne ensangrentada y descompuesta recogida con prisa. Los hombres que habían estado abriendo no resistieron más y se fueron, todo el cementerio estaba envuelto de ese hedor putrefacto.
Foto: Marcelo Montecino 1983, Managua, Nicaragua.
Ese era el resultado de la gran guerra que tenía al país envuelta en desgracia. Una guerra que al fin y al cabo terminó siendo ¿innecesaria? Chavalos inexpertos en combate eran a los que se le ponía un fusil y se les hacía gritar una consigna: ¡Patria libre o morir! Lo único que les hizo reconocer el cuerpo fue aparentemente una medalla que le había dado una de sus hermanas antes de irse o antes que se lo llevaran a combate. Era como si colgaba de lo que parecía ser el cuello, como diciendo: «sí, soy yo, aquí estoy, ¿me reconocen? Soy su hermano, soy tu hijo mamá, he vuelto, estoy aquí, no estoy en las mejores condiciones, pero soy yo…yo soy, he vuelto…»
Mi madre después contaba que tiró la ropa de mi hermano a la basura, ya que por más que intentó lavarla y asolearla, nunca pudo hacerle salir ese olor, quedó impregnado como para asegurarse que había sido testigo de esa muerte.
***
Años después entendí el rostro de mi papá, la cara que puso cuando mi hermano mayor se quería quedar, cuando no quería venir con nosotros a la capital o a su protección. Era una expresión de pavor a los sucesos impredecibles que se acercaban o que habían sucedido. Imagino a papá ver el fin de su hijo mayor: muerto, inválido, mutilado, inservible para el resto de su vida. En esa época se hablaba de que casi a diario había velas por todas las calles, yo recuerdo asistir a varias. Chichigalpa —o mi niñez—, como muchos otros lugares del país, se convirtió en un pequeño pueblo de testigos fantasmas, de jóvenes que vagaban buscando una respuesta a lo que sucedió. Por supuesto mi hermano no entendía eso, mucho menos yo. Pero si sé decir que  en esa época dejó en mí, un miedo que no sabía explicar. Un miedo a la muerte, al llanto, al olor a flores, al sonido de las balas, a los velorios, al color verdeolivo, al no saber que venía, de hecho no sabía que era con exactitud lo que pasaba o lo que estábamos atravesando; tenía miedo morir, sobre todo la forma en que podía serlo. Cada hecho por minúsculo que fuera se quedaba atesorado, traicionando o interrumpiendo mis sueños.

Hasta ahora y después de mucho tiempo, me doy cuenta que los sucesos que acontecieron en esa década —que por un inicio heroico e indispensable—, destruyeron familias, trastocaron vidas, arruinaron destinos y marcaron futuros

Rosa Capella: La ciudadana del mundo.

BYRON ROSTRAN ARGEÑAL
Publicado originalmente en Noticultura en Marzo 04, 2014.
La española Rosa Capella (1925), es sin duda una ciudadana del mundo. Conoce un poco sobre esta dama y la pasión que la mantiene viva. Una mujer digna de admirar, porque a pesar del tiempo, ha sabido vivir en presente.
Diario El País: Cien españoles que triunfan en el mundo. © JAVIER SCHEJTMAN

Se acercó con pasos lentos y una mirada precavida a todo su alrededor, estaba a punto de cumplir 84 años. Su carta de presentación fue: unos cabellos adultos, una piel blanca transparente y una vida llena de muchas historias. A mediados del mes de junio de 2009 fue cuando la conocí. Coincidimos en una tienda de libros cuando yo comenzaba a interesarme en las algunas formas de la literatura. Esa noche se presentaba una novela policiaca de un escritor nicaragüense, el título de la novela alegaba al presente estado de sufrimiento del cielo, un tanto melancólico pero sin duda atractivo. Me senté en la primera fila junto a ella (aunque a veces me queda la duda que si fue ella quien se sentó junto a mí).

La percibí frágil pero sus movimientos certeros al buscar la silla me quitaron ese planteamiento. Se aferraba a un bastón que dejó acostado al borde de su asiento. Conversábamos antes que diera inicio el evento y la impresión que tuve después de esa noche y de muchos días, es de haber hablado con alguien que conocía de antaño.
Desde esa ocasión mi amistad con ella ha venido surgiendo de muchas maneras (me gusta pensar siempre en presente progresivo). Se ha formado una relación muy bonita, tanto como de un miembro de mi familia. A veces pienso que por el hecho de no haber conocido a mis abuelos (a mis abuelas nunca las conocí y mis abuelos murieron cuando era un niño), es la razón por la que me gustan las personas mayores; es decir, disfruto en gran manera hablar con adultos. Mis conversaciones son más bien entrevistas disfrazadas que tratan de responder la curiosidad que me da el pasado o la primera vida de alguien. (Ese día, o esa noche, también conocí al poeta Francisco Ruiz Udiel (1977-2010).

Uno no tiene idea con las personas que se topará en este camino de la vida, del placer que tendrá de conocerlos. Personas que de muchas formas te influencian, llegan a contagiarte de algo que ellos por naturaleza o por aprendizaje tienen. Su personalidad es de dar, como si no se dieran cuenta de todo lo que son. “Esas” personas, son cada vez más conscientes de su condición humana y por ende no dan lugar al ego ni a la pantomima. Conocer gente así sin duda es algo realmente escaso y aislado. Personas positivas y con ánimos de vivir, aunque la vida no siempre se porte justa con ellos —o con nadie—, ellas terminan demostrando cómo vivir con sentido común.

Rosa Capella nació en 1925 en el municipio español y ciudad portuaria Santander de Cantabria en España, situada en la parte norte de la Península Ibérica. Creció viendo los atardeceres de la costa cuando la agonizante luz del día delineaba la cruz del Faro de Cabo Mayor, su abuela y su tía materna, las que la criaron, fueron sus primeras mentoras. En nuestras inacabadas conversaciones ella siempre me da datos históricos de su vida, como cuando estalló la guerra civil Española el día de su decimoprimer cumpleaños, el dieciocho de julio de 1936. O como cuando llegó a Cuba a sus dieciocho años junto con su hermana para reunirse con su madre quien ya había enviudado.

Después de algunos años y por segunda vez en su vida, se encontró en medio de sucesos históricos. Toda la comodidad que ya poseía a sus treinta y tantos años, se vio interrumpida cuando estalló la revolución cubana de Fidel y el Ché. Así que viendo el camino desviado de la revolución en que creyó, salió de Cuba en 1961 con su hijo de 12 años. Ella tenía 36 años. 


De ahí en adelante los sitios en que ha vivido han sido sólo estadías momentáneas, vidas peregrinas, sangre del mundo. Las diferentes razones de su peregrinación con propósito, han confabulado para mantenerla en países por periodos largos o cortos, en su afán por ayudar al prójimo: La misión de su vida, su identidad. Una activista y pacifista nata.
Ya lo dijo alguna vez Isaak Bábel:
“Ningún hierro puede despedazar tan fuertemente el corazón como un punto puesto en el lugar que le corresponde”.


A mediados de los 90’s Rosa arribó a Nicaragua con una delegación metodista americana con el fin de ayudar a la niñez y educación, se quedó. Fue parte de la fundación de una universidad y de NITCA (Niños trabajadores de la calle), lugar donde palpita con más fuerza su corazón. Organización sin fines de lucro que por quince años ha venido mostrando un interés sincero por los infantes pobres y sin un futuro —o sin algún futuro. Alimentación, reforzamientos, artes, becas, pintura, danza y entre otros muchos proyectos.


Por casi 20 años en Nicaragua y cerca de sus dignos 89 años, Rosa Capella ha sido la suma de su vida y experiencias. Amante de niños y de los libros, fiel vegetariana y siempre pendiente de la política. Doña Rosita, como todos le dicen, ha vivido en un eterno presente y eso la mantiene con muchas energías para estar constantemente involucrada en cosas importantes. Se ha dado cuenta que “el miedo es el enemigo de la vida”.

Recién vino de sus vacaciones de fin de año de España; así que pondremos al día las cosas pendientes, me contará de lo visto por aquellos lados y seguramente me preguntará por mi matrimonio. Hablaremos de libros (algo básico en sus conversaciones), un poco de la opinión pública o de cultura en general; de sus niños en NITCA y de la vida. Todo esto cuando algunas frases en inglés o francés se le escapen de su boca.
Pienso en ella como una mujer independiente, joven y con todas las fuerzas del mundo. Me la imagino en blanco y negro por todas esas fotografías que he tenido la dicha de ver. Me la imagino a colores también, en miles de colores. La veo caminando en el norte de EEUU, de donde es también ciudadana. Me la imagino leyendo a Ortega y Gasset o a su amado Pablo Neruda, sentada en alguna banqueta de una rue en París. 
La veo en Inglaterra o en su natal España recibiendo un reconocimiento. La veo rodeada de niños sonriendo y llorando, y me intriga. La veo nostálgica en una soleada  tarde en La Habana.  La veo fuerte y la veo débil. Me doy cuenta que es una mujer que ha vivido mucho y que siempre ha llevado en su corazón una niña a lo largo de todos estos años de duro trabajo.



Lo curioso


Feb/08/2014.

Estos días pensaba en los individuos que siempre quieren ser escuchados y viven con falta de atención en su interior, deseando que los miren. Intentan sacar los demonios que llevan dentro. Pretenden que el mundo sepa que son importantes, que todo lo saben y en todas las ramas ellos tienen el punto final. Se creen críticos literarios, modelos del saber y de la vida. Stablishment.

Se creen peligrosos porque fuman, porque son infantilmente aficionados a los comics, porque viven desempleados e inadaptados a la sociedad sin hacer nada más que hablar, sólo por hacerse los interesantes. Sin duda factores de riesgos para la indefensión y la depresión. Lo curioso es que este tipo de personas odian al mundo y a sus habitantes, pero requieren de su contemplación. Síntomas de complejos. Eso estaba bueno o aceptable cuando teníamos 17 años, cuando de algún todo pasamos por eso. ¿Pero quedarnos ahí? ¿serán los futuros suicidas? o  ¿envejecerán en su mundo? La vida no vale la pena perderla por estas tonterias. 

Las personas positivas —maduras—, no pierden su tiempo en las cosas, en las preocupaciones, se concentran en las personas, en el presente y no en las críticas, ya que ellas son gotas de agua en un océano, son un lirio de un jardín. Viven siempre en presente.

Nekane


cuentos inéditos | relato anterior

Nekane

Nekane es una colegiala que acaba de cumplir 16 añitos y se ha escapado de casa. Los motivos, a simple vista, son los clásicos: padres excesivamente protectores, ganas de salir volando en una escoba hacia alguna estrella orgásmica, o la simple necesidad suya de ganar dinero fácil.

Conseguí sus antecedentes por Internet y la contacté por AliExpress.com. La misma tarde estábamos quedando en un parque cerca de mi oficina para conocernos.

Hola, dije yo la primera vez que la vi. Hola, me llamo Nekane y me gustan las pollas peludas, creí oírle decir.

Nekane es tetona, blanca y tiene unas piernas grandes y suaves. Le digo yo que es la más bella del mundo. Les ganas a las negritas de África, a las europeas y su modo superfluo de mamar falos; les ganas, incluso, a las americanas, muy diestras en el arte del perrito. A ella le gusta que se lo diga cuantas veces pueda. Dice que ningún hombre, cuando se la mete, y en especial llegado el momento de la excitación, ha mostrado sensibilidad poética hacia ella, y menos le ha dicho que la quiere.

Te quiero, puta barata, le digo cuantas veces puedo. A ella le gusta, yo sé que le gusta, pese a su silencio y a su cara siempre tan triste, como si pretendiera con eso hacer salir algún día del planeta tierra a todos los habitantes de sus madrigueras sexuales o como si esperara cohibida a su príncipe azul desde la profundidad de una caverna prehistórica.

A veces Nekane y yo jugamos a representar algunas de las escenas del Kamasutra. La sección I nos la sabemos de memoria: habla de sucesiones aritméticas en el cálculo de apretar clítoris y penes y de cómo atrapar a una mujer excitada en medio de un bosque descontrolado con hombres o simios mostrando sus bananas para que ella se las chupe.

En ciertas ocasiones, debo decirlo, he pensado en llegar a tener con ella fuertes relaciones encima del puente, o en medio de cualquier avenida, para que todos vean cómo sabemos dominar los subterfugios del arte teatral. Colocar a Nekane en el hierro frío de un poste, abrir sus piernas, sentir la frialdad de su bipartita carne velluda e introducir mi polla en su vulva elástica. Proseguir a tomarla de la mano, voltearla de espaldas, y en un ir y venir penetrarla con violencia y sutilidad, hasta dejar su cuerpo aguado. Es una dama, y hay que respetarla, pero sólo por eso no deja de ser una puta sabrosa a la que hay que disfrutar. Pasos, movimientos, mamadas obsesivas…: el texto porno-guía contiene gran variedad de diversiones, pero yo pretendo pasarme de la raya llevando a Nekane a las calles (aunque ella me dice Vamos, quiero hacerlo contigo en donde sea, pero eso ya sería demasiado de mi parte).

Otras veces intentamos establecer la versión porno de Pedro Páramo. Ella camina entre toda la casa desnuda, y yo soy el que se encuentra a Juan Preciado divagando entre el vértigo de arena y tristezas. No hay mulas, nopales ni sol, pero el pubis de Nekane hace que todo lo demás salga sobrando. Entonces le digo qué buscas. A Pedro Páramo, dice ella, y me enseña su escote rosado, intentando oscurecerme en el mundo de Komala (así se llama nuestro pueblo --ella le puso ese nombre, pero nunca se me ha ocurrido preguntárselo, o quién sabe, tal vez la muy puta no ha querido decírmelo, por su desidia verbal de siempre).

Los juegos con Nekane, valga decirlo también, son de los más diversos; buscamos en la tienda los vibradores más modernos, que son los que vuelan, los que se meten hasta en la garganta de la persona, los que evitan, simplemente, el tedio en medio de una noche con una muchacha tan guapa, blanca, y tetona como ella.

Las pláticas entre Nekane y yo, generalmente, casi no se dan. Las personas --sin ánimo de ofender a nadie-- se comunican mejor a través del sexo. Logras con el sexo mantener la armonía del sabor amistoso en una relación de pareja. Conectas tus sentidos a los de ella con los aires bilaterales y erógenos que se adhieren a tu sudor y a las fibras del suyo. No hay necesidad de gastarse saliva. Te pones en su cuerpecito (y aquí depende si las mujeres son vacas o jirafas, porque de todo hay en la villa del señor), y ahí vas, cabalgando lentamente por sus venas, afeitando sus pelos, su cebo puesto a tu disposición. En mi caso, ni siquiera grito. Y esa es la mejor parte: ninguno de los dos grita, y entonces parecemos dos loquitos teniendo sexo en una isla desierta rodeada de loquitos que a su vez miran obnubilados a varios loquitos que a su vez miran a otros loquitos que finalmente observan, y esto lo hacen desde el punto más alto de una montaña, buscando el mejor ángulo, a loquitos que tienen sexo caníbalmente.

Por lo demás (es decir, el tiempo que hemos pasado Nekane y yo luego de que nos conocimos en un parque solitario y despreocupado como ella, a quien poco le importa si su familia está muerta o perdida en los vestigios mercadotécnicos que dejaron las Torres Gemelas), todo marchó bien.

Nuestra primera relación sexual fue inaudita: cogimos de las nueve de la noche de ese día hasta el amanecer próximo. Sin embargo, después de pasar varias semanas en mi casa --nos sentábamos en los bordes de la cama, las caras llenas de semen, a contemplar la entrada del sol en la ventana de nues-tro cuarto, porque lo que es mío es de ella también, y se lo hice saber, este cuarto, esta cama, esta casa, esta polla, incluso, es toda tuya, y Nekane gritó de alegría, la hubieran visto-- decidí, con toda la pasión del mundo, que era tiempo de unirme a ella con formalismos, por siempre.

La boda fue una celebración de lo menos concurrida. Invité a algunas de sus amigas, pero a los miembros de mi familia los aparté de estas cosas. Nunca quisieron a ninguna de las mujeres que les llevé; las recibían con asquerosidad de su parte.

Así que en la luna de miel le prometí a Nekane nunca dejarla ir. Seríamos encarnados para siempre, y eso se lo prometí dos veces. Entiéndeme, le dije, te amo mucho, mucho, y si bien los dos nunca seremos una sola persona, sí seremos la sombra distante que se fragmenta en muchas otras hasta conseguir la perfecta representación de una sola sombra, ¿me entiendes?: es algo como decir que no siempre comeremos del mismo plato, claro, nunca te daría de la misma sala picante que me gusta y sé que a ti no te gustaría probarla, pero sería entonces imaginarnos en esa tasa de salsa concurridos entre las partículas de lo picante, unidos por siempre por la desesperante quemazón en la lengua.

Todas las aguas de la relación entre Nekane y yo iban tan así, a buen paso, hasta hace una semana.

Era un lunes de mañanita. Me levanté, cogí con ella a las nueve y me fui al trabajo. Cuando volví no estaba más que su cabeza tirada en el suelo del dormitorio. Pensé llamar a la policía, pero me contuve; una línea delgada de retención me entró de repente, y me denegué también a marcar el número de la ambulancia. Leí el Manual de Compras, y claramente decía que a las muñecas había que cuidarlas de las caídas graves, y atribuí mi error en dejar todos los días a Nekane parada en cualquier lado, o en el baño siempre, justo para meterme con ella, bañarnos y hacernos pompas de jabón al regreso.

Ahora no siento arrepentimiento; la amé hasta el final, y nadie puede dudarlo, lo que quiero decir es que nadie se dio cuenta de cuánto amaba a Nekane, y por eso ni siquiera pueden hacerse una noción de mi amor hacia ella, porque yo sé que Nekane, en el fondo, todavía me ama… ¡Me ama!

Nekane está viéndome ahorita desde la vitrina. He decidido que ella está mejor en su tienda de origen, durmiendo bajo el aire acondicionado, y yo me aprovecho de eso, y voy a jugar con ella de vez cuando, cuando es necesario, posible o el trabajo así me lo permite.

Espero que Nekane no se canse nunca de mí. Si lo hace, no voy a dudar en cogerme a sus amigas que me voltean en este instante la cara, como si supieran que detrás de este hombre hay una expresión clásica de remordimiento por no haber amado lo suficiente a una muñeca escolar tan rica, blanquita y hermosa como Nekane.

Los 20 libros prohibidos durante el siglo XX

Sergio Parra

Editor en Papelenblanco
Dic/16/2013
Basta que se prohíba algo para que sintamos cierta propensión a probarlo. Además, cuando se trata de prohibir o escamotear la atención sobre determinado asunto, muchas veces acaba produciéndose el efecto contrario gracias al llamado efecto Streisand.
Por ello, deberías al menos considerar la lectura de la siguiente lista de 20 libros. Sencillamente porque han sido prohibidos en determinados países a lo largo del siglo XX.

1.    El pozo de la soledad, de Radclyffe Hall, fue prohibida en Reino Unido de 1928 a 1949 por su relato de las relaciones lésbicas.
2.    Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll, fue prohibida en China en 1931 porque los animales antropomorfos no se consideraban adecuados.
3.    Un mundo feliz, de Aldous Huxley, fue prohibida en Irlanda en 1932 por la promiscuidad sexual que destila el mundo futurista descrito.
4.    Trópico de cáncer, de Henry Miller, fue prohibida en Estados Unidos de 1938 a 1966 a causa de las obscenidades que descibre este autor expatriado.
5.    Las uvas de la ira, de John Steinbeck, fue prohibida en California en 1939 porque se decían cosas poco apropiadas que estaban ambientadas precisamente en California.
6.    Rebelión en la granja, de George Orwell, fue prohibida en la URSS de 1945 a 1990 porque se considero una crítica inadmisible al comunismo.
7.    Las últimas horas de Gandhi, de Stanley Wolpert, fue prohibida en la India de 1962 hasta la actualidad porque se mencionan a los relacionados con el asesinato de Gandhi.
8.    Los diarios de Turner, de William Luther Pierce, fue prohibida en Alemania de 1978 hasta la actualidad porque el autor formó parte de un partido neonazi.
9.    La hija de Burger, de Nadine Gordimer, fue prohibida durante seis meses en Sudáfrica, en 1979, porque es una novela histórica sobre el apartheid.
10. Jinnah of Pakistan, de Stanley Volpert, fue prohibida en Pakistán de 1982 hasta la actualidad porque en esta biografía del fundador de Pakistan se afirma que disfrutaba con el vino y el cerdo.
11. Cazador de espías, de Peter Wright, fue prohibida en Reino Unido de 1985 hasta 1988 porque, en ella, un ex oficial de inteligencia reveló secretos de Estado.
12. La historia del negrito Sambo, de Helen Bannerman, fue prohibida en Japón en 1988 porque era un libro infantil que tenía representaciones racistas.
13. Los versos satánicos, de Salman Rushdie, fue prohibida en Oriente Medio en 1989 hasta la actualidad porque se blasfema contra el Islam.
14. No sin mi hija, de Betty Mahmoody, fue prohibida en Irán en 1990 porque estas memorias se consideran críticas con el Islam.
15. American Psycho, de Bret Easton Ellis, fue prohibida en Alemania de 1995 a 2000 por su violencia y misoginia.
16. Nuestro amigo el rey, de Leroi Gilles Perrault, fue prohibida en Marruecos de 1993 hasta la actualidad porque en esta biografía del rey Hassan II se desvelan violaciones de los derechos humanos.
17. Zhuan Falun fue prohibida en China desde 1999 hasta la actualidad porque aquí se recogen las creencias de la secta prohibida Falun Gong.
18. El código Da Vinci, de Dan Brown, fue prohibida en Líbano de 2004 hasta la actualidad porque la comunidad católica libanesa la considera ofensiva.
19. The Peaceful Pill Handbook fue prohibido en Australia desde 2007 hasta la actualidad porque es un manual para practicar la eutanasia.

20. Dianética, de Ron Hubbard, fue prohibida en Rusia desde 2010 hasta la actualidad porque se considera “material extremista”.

El desafío de criar hijos emocionalmente estables

Fotografía: Suyén Torres


Por:

Klemen Esperanza Benavente


No hay una escuela para padres, pero practicar la madurez, honestidad y conciencia en esta monumental tarea ayudará a que la pareja ejerza este rol con éxito. Los padres deben guiar y educar a sus hijos con humor, siendo un ejemplo, fomentándoles la confianza para que sean emocionalmente estables.

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Enamórate de una mujer de verdad.

Marylin Monroe
Andreína Rancel


Nov/28/2013

No puedo pedirte que te enamores de una mujer que lee, porque ya alguien lo hizo por mí.

Sin embargo, puedo pedirte que te enamores de una mujer de verdad. Enamórate de una mujer que busque “figuritas” en las nubes. Enamórate de una mujer que sea lo suficientemente valiente para decir que tiene miedo pero que siempre ejecute a pesar de él. Enamórate de una mujer que no mate hormiguitas sólo porque puede, enamórate de la que agarra la hormiguita en la uña y la devuelve a su filita. Eso significa que es buena y capaz de apiadarse de los que no tienen las mismas herramientas que ella.

Enamórate de una mujer que no disimule ni esconda lo inteligente que es. Las que se hacen pasar por brutas son mucho más peligrosas que las que asumen con orgullo lo inteligentes que son. Además, ¿por qué quisieras estar con una mujer que se subestima para cazar un tipo? Enamórate de una mujer que sea abrazable, adorable, querible y cogible. Todas son importantes. Enamórate de una mujer que no se maquille mucho. Son honestas y seguras. Las que se maquillan mucho envejecen más rápido. Enamórate de una mujer que sea Team Mafalda y no Team Barbie.

Enamórate de una mujer que le guste comer. La vida es más divertida comiendo pizza que lechuga. Enamórate de una mujer que le guste la música. No importa que no sea la misma que te guste a ti. La música puede unirlos cuando se distancien, curarlos cuando se enfermen y salvarlos cuando se pierdan. Enamórate de una mujer que sepa cocinar, que le guste lavar platos o que tenga real como para comprar un lavaplatos. Trust me on this one.

Enamórate de una mujer que esté más preocupada por los ceros en sus cheques que en los tuyos. Enamórate de una mujer que te quiera porque la haces reír y no porque le compras cosas. Enamórate de una mujer que respire profundo para calmarse cuando te ve. Enamórate de una mujer que no pueda esconder nada. Enamórate de los ojos que la delaten y que te digan lo que necesitas saber. Enamórate de ella porque le brillan los ojos cuando te ve. Eso significa que está enamorada de ti.

Enamórate de una mujer que hable bastante, para que tú no tengas que hacerlo. La parte fácil es tuya: asiente y sonríe como si tuvieras idea de lo que está hablando. Enamórate de una mujer que te escuche con atención. Enamórate de una mujer que te pueda hacer sentir culpable y genuinamente arrepentido de vez en cuando. Que tenga ese poder sobre ti es el mejor antídoto contra la arrogancia y el orgullo. Enamórate de una mujer que no sepa planchar, para que no pierdan ni un solo momento juntos. Enamórate de una mujer que sepa escribir “noticas” de amor. Las “noticas” reviven las mariposas y hasta pueden mandar un bombazo de sangre al…corazón.

Enamórate de una mujer que le guste bailar. Recuerda que bailar es la expresión vertical de un deseo horizontal. Enamórate de una mujer que piense en otras cosas, que haga otras cosas y que piense en otras personas diferentes a ti. Enamórate de una mujer con hobbies, con intereses, con pasiones. Que no seas sólo tú, para que no te asfixie. Enamórate de una mujer que sepa que el amor tiene que ser libre. El amor obligatorio sólo le hace daño a los involucrados.


Enamórate de una mujer que ame y deje amar. Que sea y deje ser. Enamórate de mí o de alguien como yo, para que no me duela tanto.

Visitas dede Octubre/19/2009

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